miércoles, 23 de julio de 2014

Aversión hacia lo bello: argumentación sobre lo bueno de la lucha libre profesional

Aversión hacia lo bello: argumentación sobre lo bueno de la lucha libre profesional



Este ciclo en un curso decidí realizar como trabajo final una campaña de divulgación para eventos de lucha libre profesional en el Perú. Fue una especie de reto porque el marketing no es lo mío; me agrada y me parece interesante pero no es en lo que pienso desempeñarme. Claro que tenía una mayor ventaja porque en cuanto al público consumidor, prácticamente, me he pasado como ocho años haciendo una etnografía (herramienta de investigación en la que el individuo se introduce en un grupo y participa en sus actividades para comprender al público) de manera inconsciente. Para mi proyecto debía entender cómo funciona la comunidad de la lucha libre en el mundo y en el Perú para proponer estrategias comunicacionales que los convenza de asistir a un show en vivo. Debo admitir que hice un poco de trampa en este trabajo porque, pese a estar años en contacto con estas comunidades, no pude encontrar medidas 100% efectivas que se adapten al contexto nacional. Entonces, si he agotado mis recursos objetivos y cuantitativos, sólo me queda emplear mi humilde opinión y subjetividad para defender uno de los pilares de mi vida.

Además quiero añadir una razón más del siguiente texto. A menudo (por no decir siempre) todas las personas me atacan porque me encanta este deporte. “No, que se ve muy falso”, “no, que es muy tonto o ridículo”, “no, que es mejor el MMA (artes marciales mixtas - Vale todo) porque se ve más real”. Pero nunca nadie se ha tomado la molestia de preguntarme por qué a mí me gusta la lucha libre profesional. Por eso aprovecho esta nota para responder lo que jamás me preguntarán.

¿Qué es lucha libre profesional? Pregunté en la exposición final de mi curso de Medios y culturas digitales. Por más básico y tonto que suene, es necesario que lo entiendan. Lucha libre profesional no es ni box, ni MMA; mucho menos vale todo. Para que lo entiendan rápidamente, ¿recuerdan ese show que se transmitía (y se sigue transmitiendo) en ATV, donde unos gringos gigantes se agarraban a golpes y llaves en un cuadrilátero, en medio de miles de personas con pantallas gigantes y una escenografía espectacular? Ya, eso es lucha libre profesional. Ese deporte espectáculo en el que dos o más individuos luchan entre sí para ganar y que, por lo general, narran una historia entre el bueno y el malo. Y no me digan que nunca han visto lucha libre,  es una mentira desconsiderada . Ojo, no estoy asumiendo como verdad absoluta que les guste, solo digo que saben a qué me refiero cuando me refiero a la lucha libre profesional. No hay excusa alguna.

¿Por qué me fascina ver a dos tipos sacarse la mugre por 10 o más minutos, y en la que personifican prototipos del bien y mal? ¿Acaso eso no es para niños? Es lo que una persona me diría normalmente. Pues, entendamos una cosa: este deporte es un relato. A diferencia del fútbol, béisbol, vóley o cualquier deporte que ustedes catalogan como “convencionales”, la lucha tiene como objetivo entretener a un público. Sí, el fútbol también divierte a la gente, pero dudo mucho que la intención del futbolista sea divertir a los millones que lo están viendo. Dudo mucho (y corríjanme si me equivoco) que Messi antes de un partido se proyecte a sí mismo diciendo “voy a divertir a todos en el estadio”. Claro, si lo analizamos desde un punto de vista semiótico o filosófico, toda actividad deportiva es una narración y un entretenimiento. La diferencia es la intencionalidad de los deportes. Todo deportista “convencional” juega para sí, para ganar; caso contrario del luchador, que tiene como objetivo servirle al público. Créanme, no me contagié con la fiebre del mundial pero no se imaginan la piel de gallina que se me puso cuando Daniel Bryan ganó el evento principal en Wrestlemania.

Siguiendo con la lógica de la narrativa, como mencioné párrafos arriba, todos reclaman porque “se ve muy falso” o “es imposible que en una lucha real se haga todo lo que se hacen en un cuadrilátero”. Pues hay tantas cosas que me encantaría resaltar de esto. Cuando ven a un luchador ser golpeado, ser arrojado contra la lona, caer fuera del ring, impactar la cabeza desde una altura gigante, ¿les parece falso? ¿De veras creen que eso es sencillo y que no merece ni un grado de respeto? Perdonen si alguno de ustedes tiene esa perspectiva pero me parece indignante y hasta ofensivo. Es como si yo, alguien malísimo para el fútbol (en realidad para cualquier tipo de deporte), diga que es muy fácil meter gol y que si me meten a la selección peruana los podría llevar al mundial. Sí, así de ridículo suena cuando alguien tranquilamente viene y dice “esto es falso”. Sobre la verosimilitud de la lucha libre, que si es posible que una lucha pueda tener el orden o estructura que tiene, déjenme preguntarles lo siguiente: cuando van al cine, leen un libro o ven una serie ¿reclaman de la misma manera? Digo, si argumentan que la lucha libre es aburrida porque “nada de lo que se hace sigue los parámetros de una lucha de verdad”, entonces asumo que ustedes no irían a ver el la próxima película del Planeta de los simios. ¿Quién creería una historia de unos simios con la capacidad intelectual de un ser humano? O ninguno de ustedes seguiría Game of Thrones los domingos por la noche porque, efectivamente, ni los dragones ni los White walkers existieron o existen, ¿verdad? Déjenme aclararles una cosa que creo haber aprendido en la universidad (y sobre todo en ciencias de la comunicación): todo lo que vemos es una ficción. Entiéndase ficción como una construcción del hombre al narrar algo. Star Wars es ficción, como lo es Invictus basado en la vida de Nelson Mandela. Ficción es Al fondo hay sitio, como también un noticiero (porque se anuncia un suceso desde el punto de vista de un tercero: el periodista). Si van a decir que no les gusta las cosas “ficticias”, entonces ni se les ocurra prender el televisor o leer una novela o ver una película.

Para los escépticos que aman el MMA/Vale todo, la argumentación de ellos siempre es “UFC es mejor porque se ve más real que tu lucha libre”. Ya hace unos meses hablaba sobre el tema de gustos e intereses y llegué a una conclusión que la emplearé como argumento en este texto: uno puede defender su postura del por qué le agrada o desagrada algo; pero nunca podrá decir que su objeto de fanatismo es mejor que otro. Porque así como esos argumentos se emplean para defender una idea, otro puede emplearlos como contraargumento. Yo podría decirles “pero yo no quiero ver una lucha que simule una pelea de verdad, yo quiero ver esa construcción de la lucha que tiene una narrativa distinta”. No puedo decir que la lucha libre es mejor que el MMA o viceversa, pero puedo decir que prefiero más uno que otro.

Pero dejemos de hablar sobre el individuo que desprecia o tiene cero interés por la lucha y hablemos de la persona potencial que pueda asistir a un cartelera nacional. A menudo me cruzo con personas que le gustaba o les gusta la lucha libre. Sea porque vieron la WWF de pequeños o porque siguen la empresa hasta la actualidad o tienen gustos distintos y ven empresas independientes. Por lógica, estas personas son un público más propenso a asistir a un evento de lucha libre en vivo. Claro, ¿cuáles son las chances de ver tu deporte favorito en tiempo real y frente a tus narices? Pocas, ¿verdad?. Y sin embargo los fanáticos mismos son escépticos de productos nacionales. No solo ocurre con este deporte, el problema se traslada a la cultura peruana. Tenemos la manía de matarnos entre nosotros, de meternos cabe. No digo que apoyemos cualquier cosa que se haga en el Perú, porque eso implicaría alabar todo incluyendo lo que es malo. Si vamos a darle respaldo a un producto peruano, que se lo merezca. En el caso de la lucha libre, se anunció que este 28 de Julio tendremos una cartelera con Paul London, Carlito y Hugo Savinovich, todos ex WWE al precio de 25 soles. Sí, la gente se emocionó pero no faltaba uno que otro reclamo como “los precios están altos” o “deberían traer a fulanito, ahí sí voy”. Pareciera como si estas personas no fueran conscientes de lo grande que está a punto de suceder. ¿Creen ustedes que 25 soles es caro para ver a superestrellas que solo puedes ver en vivo si viajas al extranjero? Comparen solo el precio de la entrada del show nacional con el precio del pasaje al extranjero más el precio de la entrada para el evento más la estadía. ¿Valdría la pena perderse la cartelera nacional por un precio así? Peor aún están los que reclaman porque una superestrella X no viene. ¿De veras se perderían de tres grandes nombres de la lucha libre solo porque tu favorito no está entre ellos? Además, entiendan que hace cinco años nadie imaginaba estrellas como estas en Perú y ahora los tienen en vivo y en directo. ¿Qué más se puede pedir?

Otro gran problema con el fanático de lucha libre en el Perú es su manía de comparar el deporte nacional con el extranjero. Está bien, es cierto que las comparaciones son odiosas pero siempre se dan. No obstante, el problema radica cuando tomas un producto y lo plasmas como un paradigma. Sí, la WWE es la empresa de lucha libre profesional más importante en el mundo, pero ello no significa que sea la única y que deba ser el estándar de cualquier organización. El peruano ha creado como una especie de norma en la que si la lucha libre no tiene los elementos formales de la WWE, entonces no es lucha libre. Pero también me he encontrado con casos de personas amantes de la lucha no necesariamente comercial (dícese del circuito independiente, mexicano o japonés) que también es reacio al wrestling nacional. De veras que la única respuesta que se me ocurre para este público objetivo es invitarlos cordialmente a que experimenten una cartelera. ¿Cómo pueden estar plenamente seguros que algo es malo si nunca lo han vivido? Es la única pregunta a manera de respuesta que puedo formular.

Creo que me he explayado y no he respondido lo elemental. ¿Qué es lo bueno de la lucha libre profesional? Personalmente, la lucha libre me transporta a una realidad alterna en la que vivo adrenalina y emociones a mil por hora; esa acción constante de enfrentamiento entre dos o más personas que hacen hasta lo imposible por salir victoriosos, sumado a las vibras del público no tiene nada qué envidiarle a un mundial o un Superbowl. Debo recalcar que la sensación que percibo al estar en una sala de cine es equivalente cuando veo un evento por internet o en vivo y en directo. Creo que la gente no logra entender el arte de este deporte porque lo ven con una perspectiva incorrecta o una indiferencia injustificable. Por esas razones creo que aborrecer la lucha libre es sinónimo de una aversión hacia lo bello.

Pero basta de hablar sobre lo que yo pienso. ¿Qué me dicen de ustedes? Si no les agrada la lucha libre, ¿a qué se debe? O ¿por qué no piensan darle una revisada a manera de curioso? Y para los que les encanta de manera enfermiza o simplemente les agrada ¿por qué?

Tributo a El Generico, muestra de por qué la lucha libre es sensacional



sábado, 7 de junio de 2014

Aplastarlo todo: Análisis del diálogo entre Tyrion y Jaime Lannister sobre el primo Orson (Game of Thrones: Temporada 4 Capítulo 8 “The Mountain and The Viper)

Aplastarlo todo: Análisis del diálogo entre Tyrion y Jaime Lannister sobre el primo Orson (Game of Thrones: Temporada 4 Capítulo 8 “The Mountain and The Viper)


Por el mismo título deben percatarse que este tema es sobre el último capítulo de la serie que ha batido record de audiencia en HBO. No está de más decir que hay spoilers. Así que si son fan acérrimos y aun no están al día, absténganse a leerlo. Y si es que nunca han visto Game of Thrones entonces… ¿¡Qué están esperando!?

Si algo me dejó pensativo con el capítulo del domingo pasado, aparte de la cruel y violentísima muerte de Oberyn Martell, fue la conversación entre los hermanos Lannister antes del juicio por combate. A simple vista y sin detenerse a pensar en el mensaje detrás de las palabras, se podría concluir que esta escena es solo un relleno para completar el tiempo establecido por la programación y que pudo ser eliminado para mostrar primeros planos de las expresiones de los personajes durante el combate. Pues yo me mantengo firme con la idea de que en esta serie todo se hace por una razón y nada está de relleno.

Como breve resumen, Tyrion le pregunta a Jaime si recordaba al primo Orson, un muchacho con aparentemente retardo mental que solo se dedicaba a aplastar escarabajos en el jardín. Tyrion confiesa una fascinación por su primo, por entender por qué se comportaba de esa manera tan violenta. Tal era su obsesión que no podía dejar de pensar en sus actos y en el sonido que emitía el primo cuando mataba los escarabajos. Incluso soñó estar rodeado por un mar infinitos de aquellos insectos y se sintió impotente de no poder salvarlos hasta que despertó y lloró. Tyrion nunca encontró la razón, dijo que en las bibliotecas encuentras libros sobre los grandes hombres pero no de los idiotas. La única opción que le quedaba era intentar detenerlo, acto inútil porque el tamaño de Orson era el doble; lo que le permitía empujarlo con facilidad cuando trató de parar la matanza. Eventualmente una mula pateó a Orson y lo mató.

He investigado distintas teorías al respecto y todas parecen estar en lo correcto. Algunos afirman que se trata de una metáfora; así como el primo Orson aplastaba a los escarabajos, así la Montaña aplastó la cabeza de Oberyn Martell. Otros insinúan que la historia es un reflejo del autor George R.R. Martin y su fascinación por matar personajes como un niño que aplasta insectos. Probablemente la hipótesis más alocada es la posible referencia al autor de la novela “Los juegos del Ender” que relata la historia sobre una guerra futurista en la que un niño debe vencer una raza alienígena conocida como los “insectores”. ¿Qué relación guarda con el diálogo entre los Lannister? El autor de esta novela se llama Orson Scott Card. En cierta medida, se hace referencia a un tal Orson que “aplasta” insectos a su manera.

Smash the characters! Khuu! Khuu! Khuu! 


Todas las teorías me agradaron, pero no pienso sujetarme de ninguna de ella. Creo que ya soy lo suficientemente intelectual para formular mis propios análisis.

Desfragmentemos el caso. ¿No creen ustedes que Orson representa al hombre proyectado en Game of Thrones? ¿Cómo es Orson según lo descrito? Un niño que se dedica a matar. Tiene un motivo, Tyrion cree firmemente que algo debía pasar por su cabeza al hacer eso pero nunca supo qué era. Los hombres en esta serie matan hasta por exceso. Claro que todos tienen sus motivos: por supervivencia, por dinero, por poder, por venganza, etc. ¿Pero qué sucede cuando preguntamos a fondo el por qué de sus actos? ¿Qué sucede tras preguntar varios por qué? ¿Es que acaso no se llega a un nada? O mejor planteado, cuando se quiere llegar a la fuente de los actos, ¿no es acaso una serie de interrogantes infinitas y absurdas de responder? Orson es el reflejo del hombre por matar indiscriminadamente. Su dificultad mental es la respuesta ante los asesinatos ¿Es justificable un asesinato?

Los escarabajos deben representar al hombre. Teniendo en cuenta que la gran mayoría de los personajes en Game of Thrones son despreciables por sus actos o pensamientos, se trata de seres tan asquerosos como un insecto. Otra teoría es la inferioridad de una víctima con su agresor. Al asesinar a alguien, el asesino tiene una postura más fuerte que el asesinado. Si en un combate un guerrero mata a otro, hubo un rol del fuerte y débil. Pero no asociemos el término de fortaleza con la fuerza física. El vencer a alguien envenenándolo, o mandándolo a matar, o manipulándolo es otro signo de superioridad. En términos simples, el que logró matar fue superior en cuanto a fuerza física, mental, psicológica o intelectual. Por ende, Orson es la representación del hombre fuerte (en todo sentido de la palabra) y los insectos cualquier víctima en una situación determinada.

La muerte del primo, creo yo, debe tener una razón más fuerte que una causalidad con humor negro. “Hasta que una mula lo pateó y murió”. ¿No es ese incidente una triste casualidad para el primo? Pero es una suerte para Tyrion. Si la mula no hubiera pateado a Orson, él seguiría matando escarabajos y Tyrion solo se podría limitar a observar sin poder intervenir por su discapacidad física. Vean lo interesante de todo esto: Tyrion ha sido uno de los personajes más suertudos en toda la serie. Su enanismo en un mundo violento no le habría bastado para sobrevivir. Fue una suerte que una mula matara a su primo, como también fue una suerte que Bronn se ofreciera como su campeón en el juicio por combate en el Nido de Águilas; como también fue una suerte que un bárbaro lo dejara inconsciente con un mazo en la cabeza en la batalla cerca al campamento Lannister, lo que permitió que no interfiriera en el conflicto; como también fue una suerte que Podrick lo salvara de una muerte inminente en la batalla de Black Waters; y así sucesivamente la suerte ha estado con Tyrion desde un principio. ¿Será esa anécdota un reflejo de su destino? ¿Salvarse a pesar de todo?

Bronn representa a Tyrion en el juicio por combate

Como último recurso de análisis está el chanchito de humedad. En plena conversación, Tyrion recoge un insecto del suelo y deja que se desplace por su mano para luego dejarlo en el piso y que siga su camino. ¿Fue un plano detalle por gusto o se quiso decir algo más de lo evidente? Tyrion estaba en todo su poder de aplastar el insecto tal como lo hacía su primo Orson; pero no lo hizo. Por consiguiente, bajo la metáfora de Orson como la raza humana en Game of Thrones, Tyrion es un individuo distinto. Habría sido una injusticia que matara al chanchito de humedad, acto que no realizó. ¿Es entonces Tyrion el personaje más correcto de la serie?

Tyrion pierde la cabeza e insulta a todo King's Landing

Es cierto que los defectos de Tyrion se enumeran en una lista larga: es alcohólico, tiene sexo frecuente con prostitutas, es un derrochador de dinero, un sarcástico a más no poder; pero estaría dentro de los poquísimos hombres nobles que tiene King’s Landing. Y lo único que recibe es humillación tras humillación. Se trata de una realidad tan injusta como la de los hombres que matan por convicciones propias, se trata de una injusticia como el de un muchacho que aplasta escarabajos porque sí.

Así termino mi análisis de la escena, una breve analogía de la naturaleza humana de Game of Thrones y de Tyrion Lannister.


sábado, 3 de mayo de 2014

¿Por qué la chica que lee no siempre es la ideal?

¿Por qué la chica que lee no siempre es la ideal?



Hace unos meses leí un artículo muy simpático en el que se argumentaba por qué se debía salir con una chica que lee. Sí, las pruebas eran agradables, graciosas, curiosas pero, personalmente, no me parecían convincentes.

Si mal no recuerdo, el texto explicaba que la chica que lee es interesante y que posee miles de temas por debatir, que está enamorada de la vida porque la expande con mil historias que nacen de mundos distintos conocidos como “vidas personales” y así sucesivamente va llenando los párrafos con ideas interesantes.

Entonces Sebas, ¿tú no quieres estar con una chica interesante que pueda alegrarte la vida con su imaginación infinita? No es que no quiera a alguien agradable a mi costado, es que no creo que el ser lectora sea una característica determinante para decidir con quién quiero estar.

Creo yo que debemos partir por el hecho de qué cosa busca cada uno. Uno quiere estar con una chica porque “está buena”, porque le gusta su personalidad, porque tienen la misma afinidad o, en fin, porque tenemos alguna razón para justificar nuestro agrado hacia alguien.

Asumo (no puedo dar un enunciado afirmativo) que el autor busca  una chica que tenga un hambre por la lectura y que eso conlleva a una suerte de atracción porque él cree que la chica intelectual es la que vale la pena. No voy a discutir sus gustos o preferencias; pero bajo mis vivencias, yo siempre busco algo más en una chica.

Si me permiten emitir una opinión al respecto, estamos malinterpretando lo que uno cree que es lo correcto con lo que es lo correcto para todos. Sinceramente, yo no podría estar con alguien que, no importa cuánto haya leído, tenga un corazón de piedra o sus principios digan poco o nada de ella. Me sentiría increíblemente incómodo (y me ha pasado) estar al costado de alguien que su nivel de “cultura” (refiriéndonos a la cultura como lo propone Mario Vargas Llosa o cualquier autor moderno) esté en relación proporcionalmente inverso a sus principios y valores. Es decir, me desagradaría alguien que tenga tanto conocimiento pero carezca de sentimientos y empatía con el otro. De hecho, y sintetizando lo que planeaba seguir diciendo, me desagrada mucho una chica que no sabe comportarse o actúa de una manera incoherente con la vida. Me desagrada la inmadurez.

Ahora extrapolemos el caso de la lectura con los intereses o hobbies. Lo más probable es que me haya cruzado con chicas quienes comparten los mismos gustos que yo: chicas que pueden seguir mi hilo de conversación si les hablo sobre Call of Duty o que pueden nombrarme más de cinco superhéroes de Marvel o con quien puedo debatir sobre la derrota del Undertaker en Wrestlemania. ¿Es un determinante estas características para definir si quiero salir con ellas en un plan que va más allá de “solo como amigos”? Ya deben imaginarse mi respuesta.

El ser lector debe estar en un conjunto que agrupa características como artístico, deportista, ingenioso, etc. ¿Son estos atributos un sinónimo de “bueno” propiamente dicho? No lo creo, para que entiendan mejor (si es que los estoy enredando), estas particularidades pertenecen a un listado de “elementos físicos”. Ustedes dirán que hay proposiciones en este listado que no son observables; pues no los vean como ideas que deban ser tangibles, sino como características superficiales que no determinan el nivel de bondad o maldad en una persona. Si lo entienden mejor, veamos el caso de Hannibal Lecter: un hombre muy culto e intelectual que devoraba personas. En el campo de la historia, Hitler tenía un gusto y desarrollo por el arte muy definido; y sin embargo, hagan una cuenta de cuántos judíos asesinó en el holocausto. Lo menciono como dato aparte (y muy personal): constantemente soy testigo de personas que odian al otro por la forma como hablan, ríen o hasta respiran. Digo yo, ¿es justificable odiar por estos motivos? ¿Acaso estas particularidades afectan a uno física, psicológica o emocionalmente? Claro que no. Asumo que si piensas odiar a alguien debe ser por un motivo mucho mayor (digamos porque es una persona muy egoísta, egocéntrica, vanidosa, etc).

Es así que idolatrar a una chica por su físico, en mi opinión, es tan ridículo como elogiarla solo porque lee más o posee otras características vinculadas a la intelectualidad. Desde mi punto de vista (y concepción sobre el atractivo de una mujer), si una chica se me acercara y me dijera que le encanta leer a Stephen King, que no puede dejar de jugar GTA, que se asombra como lucha Chuck Taylor y que prefiere ver Amazing Spiderman 2 en el cine un sábado por la noche en vez de salir a parrandear, me atraería mucho la atención. Pero todos esos puntos a favor caerían en contra si me demuestra inmadurez y falta de principios y valores.

Por el contrario, si esta persona jamás ha visto una sola película de Star Wars, si nunca ha tenido la dicha de jugar Metal Gear Solid, si no sabe la diferencia entre Marvel y DC, pero tiene como atractivo su buena actitud y una personalidad única, se ganó mi total atención.

Antes de terminar, quiero recalcar que no considero la lectura (y otras manifestaciones culturales) como nimiedades. Al contrario, creo firmemente que es importante nutrir el cerebro con algo de cultura (según los conceptos modernistas). Pero insisto, no es determinante para asumir si una persona es buena o mala; solo una característica más del individuo.


"Just cause some cute girl has the same bizarro crap you do, that doesn't make her your soulmate"

jueves, 20 de marzo de 2014

Víctima de un ¿robo?

Víctima de un ¿robo?


Yo sé que me falta mucha “calle” para aprender a vivir en un ciudad que cada día se esmera por ser más peligrosa, pero me gustaría compartir lo siguiente. Estaba en el micro de Kejvidsa, placa AOV 787 ruta EO 54 (Carabayllo – La Molina) entre las 4:45 de la tarde. Pasando la Av Brasil, estábamos unos cuatro o cinco pasajeros más el cobrador y el chofer. El conductor se baja y todos disfrutamos el buen silencio (si es que existe este “elemento” como tal en las calles de Lima).

Instantáneamente se sube un sujeto y grita algo que no logro recordar en este momento para llamar nuestra atención. Ese hombre saluda con mucho carisma al chofer (para esto, segundos atrás el cobrador había abandonado el vehículo) quien le responde de la misma manera. Entre los recuerdos vagos que tengo del momento, el chofer le dice algo así como “no le vayas a meter el floro de que eres choro” o algo así. No presté atención a lo que el hombre decía (por eso tengo remembranzas débiles al respecto) pero se notaba que no se trataba de un limosnero cualquiera. Podía ser muy carismático con su manera de tratar a sus “clientes” pero al mismo tiempo pronosticaba que no se trataba de alguien plenamente amable. Yo escuchaba música como para ignorarlo pero este señor tiene la “decencia y educación” de quitarme uno de los audífonos del oído para prestarle atención. Su discurso era el de hombre que había sido malo, que venía de prisión, que quería hacer las cosas “bien”; pero todo eso era una metáfora para amenazarnos, dándonos a entender lo que él era capaz de hacer si no colaborábamos.

Una vez terminado su discurso se acerca a cada pasajero y les entrega inmediatamente un caramelo. A mí me dio un trato más especial, me da un bolso y me dice “pon tu celular” mientras me daba la espalda y recogía alguna propina. Me hice el loco, digo, si realmente me estuviera robando ya habría sacado un arma y me estaría amenazando. Sin embargo, el miedo por lo desconocido estaba ahí. Sí, admito que mi corazón palpitaba más de lo normal. Se voltea a mí y me dice “ya, pon tu celular”. En un intento de hablar sarcásticamente sonreí y le dije no. Pero le di una moneda de cinco soles y le devolví su caramelo. El limosnero bajó y el chofer más el conductor estaban de lo más normal, como si nada hubiera sucedido con los pasajeros. Claro que estos reclamaron, cómo es posible que tanto el chofer como el cobrador permitieran que personas como estas entraran y amenazaran a los pasajeros. Un transporte público, además de cumplir con sus deberes de respetar las leyes de tránsito, debe velar por la seguridad de sus clientes ¿no creen?.

“Oye Sebas, no sea llorón, no te robaron nada”, dirán ustedes. Pues dependiendo de la definición de la robar que manejen ustedes se puede interpretar esta situación como un crimen o no.  Según la RAE, robar es “Quitar o tomar para sí con violencia o con fuerza lo ajeno.” Bajo este concepto, pareciera que no hubo robo ¿cierto?. Pero analícenlo bien, dice “con violencia”. La violencia no es sólo física, sino pregúntenle a los que sufren de bullying por medio de insultos verbales. Y eso que decía el señor “limosnero” eran amenazas. ¿O es que acaso decir que ya le cortó la cara antes a alguien es una manera de decir que no lo volverá a hacer? Y si es que este argumento no los convence, tienen aquí otra enunciación de la palabra robo: Tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea. Este sujeto tomó para sí lo ajeno, mí dinero. Porque si él hubiera pedido limosna como alguien honrado y yo le hubiera entregado el dinero habría sido un acto caritativo. Pero no, él utilizó una manipulación amenazante verbal para obtener lo que quería.

No, no me robaron mi celular, me robaron cinco soles. “¿Solo cinco soles Sebas? ¿Tanto escándalo? Agradece que no te hicieron nada”, podrá decir uno. Pues nos hemos malacostumbrado a vivir siempre con el temor del crimen y lo “mejor” que te puede suceder es que llegues vivo a casa, sano y salvo o que a lo mucho te hayan robado algo. Y con esta situación se demostró que vamos de mal en peor. Que podemos conseguir lo que queramos con la violencia. Que el crimen nunca paga.

Sé que con esta nota no lograré que ese ratero pague por sus crímenes, pero podemos empezar por algo: el cobrador y el chofer. Ellos no son ladrones pero el simple hecho de conocer al perpetrador y permitir que entre al vehículo los hace cómplices y son tan culpables como el ratero mismo.

Sí, me encantaría poder denunciar a la línea de transportes (insisto: Kejvidsa, placa AOV 787 ruta EO 54 entre las 4:45 de la tarde aproximadamente), es más si alguien supiera cómo realizar una denuncia de esta naturaleza le pediría que me resuelva esas dudas. Pero si no es posible, al menos quisiera que (si es que están convencidos de lo que digo) divulguen este caso. Yo sé que lo que me ha sucedido no es nada comparable con lo que otros hayan podido haber sufrido. Pero si podemos utilizar este medio como reflexión y como denuncia contra un país que, y reitero de nuevo, se esmera por empeorar en cuanto a criminalidad y violencia, entonces sentiré que habré aportado mi granito de arena.


Y por si lo olvidaron, se los repito una vez más: Kejvidsa, placa AOV 787 ruta EO 54 (Carabayllo – La Molina) entre las 4:45 de la tarde.